Una de esas muchas cartas de los lectores

Esta carta la descubrí en Heraldo. Muestra con una anécdota justo lo que está pasando en España, casi en el mundo. No sé qué es peor: ser viejo y ser despedido, o ser joven y nunca conseguir un trabajo. Copio literalmente. Omito el nombre, porque no es necesario para entender el mensaje.

“El otro día acudí a mi primera entrevista de trabajo en dos años.Fué en una nave vieja y desvencijada que prometía un futuro poco halagüeño.Pero ahí estábamos un grupo de gente en fila,buscando pan,poco nos importaba la chabacanería del lugar,en otros tiempos nos habría dado “mala espina”.Delante de mí iba un hombre cincuentón con pinta de bonachón,poco pelo,bigote,gafas y una barriga bondadosa.Estaba nervioso y sostenía en sus manos la hoja de solicitud,que doblaba y desdoblaba contínuamente mientras permanecía cabizbajo,con la mirada perdida puesta en el suelo,quizás repasando un guión,constántemente corregido,que no funciona.Nuestras miradas se cruzaron.Sus ojos transmitían tristeza,miedo,inseguridad.Pensé que aquel hombre podría ser mi padre,lo cual me cabreó.Seguro que antes era una persona segura de si misma,con la confianza que da tener trabajo y ser dueño de tu destino,pero ahí estaba,mendigando empleo.Subió léntamente por las escaleras que conducían al cuarto donde el propietario despachaba,como si de una frutería se tratara,un alma tras otra.Desde abajo se oía la conversación. Comenzó a hablar “mi compañero” con voz temblorosa,la entrevista no llegó al minuto,los demás estuvimos,el que menos, cinco. Los sin experiencia y los avanzados en edad están fuera del mercado laboral.Si no produces desde el primer día como un treintañero experimentado no sirves ¿En beneficio de quién el trabajo ha dejado de ser un derecho constitucional para convertirse en una mercancía?”

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